miércoles, 10 de febrero de 2016


Con motivo de la celebración del Día de la Internet Segura, la Comisión de Menores de la Asociación Profesional Española de Privacidad (APEP), pone a disposición de la sociedad un decálogo con recomendaciones básicas para concienciar sobre la importancia de formar a los menores (y a sus padres y educadores) en la gestión adecuada de su privacidad y seguridad en internet. Los redactores del documento son María Arias y Ricard Martínez, con la contribución de Ramón Arnó, Aída Barquero, Noemí Brito, Darío Fernández y Alicia Piña.

Nuestros niños y niñas son un sujeto protagonista de internet. De una parte, la edad de la primera conexión privada o doméstica se ha reducido significativamente. De otra parte, el acceso a la red de redes se realiza desde múltiples periféricos utilizando sistemas inalámbricos, wireless o bluetooth, lo que convierte en obsoletas muchas de las recomendaciones tradicionales en esta materia.
Además, la red es un espacio susceptible de ser utilizado con fines educativos y renunciar al potencial de recursos que ofrece sería sencillamente absurdo. Ello obliga a redimensionar nuestra aproximación a la seguridad del menor y trasladarla del ámbito de la prohibición al de la mediación, de la seguridad entendida como control parental absoluto a la educación en valores.
Resulta además indispensable manejar tres conceptos estrechamente vinculados a la privacidad y seguridad del menor. Partiendo de la premisa de que en la red nuestros datos y los de nuestros menores son la llave para el acceso a ellos, debemos redoblar los esfuerzos para enseñarles a controlar los datos personales que facilitan y a quién se los facilitan.

EL VALOR DE LA INFORMACIÓN PERSONAL

La privacidad ya no puede ser medida en términos de intimidad y de la vetusta distinción entre espacio público y privado. En internet el análisis de la navegación de nuestros menores cuenta quienes son, qué piensan como individuos y en el contexto del grupo con el que se relacionan, a partir de un dato aparentemente banal como un me gusta, o una fotografía pueden inferirse sus más íntimos pensamientos.
Asimismo, datos como el nickname o usuario, la cuenta de correo o las contraseñas son la primera línea de defensa en internet. Muchos de los delitos más comunes comienzan por el uso o el falseamiento de los datos. Empoderar al menor en internet pasa necesariamente por hacerlo consciente del valor de sus datos personales.

EL CONCEPTO DE IDENTIDAD DIGITAL

Del mismo modo que en el mundo físico los menores conforman una identidad, un modo de ser reconocible, en internet. Sin embargo existe una diferencia sustancial ya que no se trata de una identidad subjetiva y autoconsciente sino de una identidad inconsciente conformada heterónomamente, asíncrona y deconstruida y reconstruida por los buscadores. Una persona en internet no es lo que cree ser sino lo que sobre ella dirán los 20 primeros resultados de un buscador. Eso implica que la historia, la biografía digital del adulto de mañana se está construyendo desde hoy y puede que permanezca para siempre.

LA REPUTACIÓN DIGITAL

Este es sin duda complementario del anterior concepto. La imagen como personas, la percepción futura que los demás puedan tener, -desde amistades a quienes les ofrezcan un puesto de trabajo-, el modo en que nuestros niños y niñas sean vistos hoy y en el futuro depende desde el actual presente online. Subir una foto ridícula, hacer un mal comentario, no educar en comportamientos y valores todo suma en la construcción de esa futura reputación.
Y esta reputación no depende sólo del menor y su conducta. Sus padres cuando publican una ecografía en una red social inician el binomio identidad-reputación. Y lo hace el colegio cuando usa YouTube para publicar un flashmob, o el club deportivo.
Aprender a controlar nuestros datos personales, y que lo aprendan los menores, entender el valor de la información personal, de la imagen y de la reputación contribuye sin duda a formar a los menores en un uso seguro de internet. Para transformar a los niños y a las niñas en ciudadanos digitales responsables, la clave es su apoderamiento, entendiendo este término como aquel entrenamiento que les ayude a detectar las situaciones de riesgo, creando por tanto en ellos aptitudes que ahora no tienen para que sean conscientes de los peligros, para que puedan reconocer que se han visto amenazados en sus derechos y para que sepan que siempre hay una solución. La clave es por tanto darles apoyo para que sean los primeros en cuidarse a sí mismos, para que reconozcan los riesgos e intenten evitar los daños. Debemos formarles para que identifiquen las amenazas, donde y cuando aparecen. Es un apoderamiento compartido y basado en el diálogo y la mediación, no podemos convertirlos en los únicos responsables de sus acciones.

Para ello se propone en este documento un decálogo con recomendaciones básicas que pueden contribuir a ello:

  • Aprenda a usar las redes sociales. Identifique para que sirve cada una, cuáles son sus configuraciones de privacidad y cuáles deberían ser las reglas de comportamiento básico en ellas.
  • Enseñe el valor de la información a sus hijos e hijas. Deben ser capaces de poner en valor el significado de una fotografía o un video que pueden acabar subiendo a internet. No se trata de prohibir estas conductas sino de ser capaces de hacer entender al menor los riesgos del contexto, la necesidad de confiar en personas con las que las comparte información y que podrían ser perfectos desconocidos, o los riesgos para su reputación digital.
  • Aprenda que los nombres de usuarios y las contraseñas, que las políticas de seguridad y el comportamiento seguro son herramientas que le ayudan a configurar su privacidad y a evitar riesgos.
  • Fomente la confianza en la red, navegue con sus hijos e hijas. Incluso aprenda a navegar con ellos Vd. es un adulto con criterio y podrá discriminar el valor de lo que ve en pantalla, y transmitir educación en valores. El menor debe confiar en sus padres, si no lo hace cuando encuentre un contenido nocivo, cuando le contacte un desconocido o le acosen no se lo contará y ello podría ser trágico.
  • Fórmeles para que aprendan a respetar a los demás. Los menores pueden causar daños a terceros publicando fotografías sin consentimiento, lesionando la reputación o agrediendo con comentarios inadecuados. No sólo se trata de salvaguardar su privacidad sino de que aprendan a respetar la privacidad y los derechos de los demás.
  • Aprenda a evaluar el uso de los smartphones y verifique “qué pueden hacer” y para qué sirven las aplicaciones móviles instaladas allí.
  • Promueva la educación digital en su entorno. Los valores de privacidad y de fomento de la navegación segura por Internet deberían estar presentes en los proyectos educativos de los diversos centros escolares y, con ello, en la enseñanza básica que se ofrece por éstos a su alumnado. Y lo mismo debe afirmarse de las actividades destinadas a adultos. Vd. puede proponer que se proporcione esa información en la formación continuada para adultos, en el ámbito de la comunidad escolar y en las actividades extraescolares. No lo dude, diríjase a su ayuntamiento, al Consejo Escolar, a la Asociación de Madres y Padres, al club deportivo y en todos estos ámbitos reclame un compromiso con la educación en privacidad y seguridad.
  • Verifique que el centro educativo presta especial atención al uso de plataformas y aplicaciones seguras para los menores que deberán ser plenamente respetuosas con sus derechos, así como contar con políticas y protocolos claros de uso de aquéllas y, en general, de dispositivos dentro del aula. Esta misma actitud debe tenerse con otros ámbitos de socialización formal del menor como asociaciones o clubes deportivos.
  • Tenga en cuenta la madurez del menor. Un menor permanentemente controlado, carente de privacidad, es un menor cuya personalidad puede verse afectada. No puede proteger su privacidad vulnerándola. Los adultos debemos guiarles cuando se adentran en el mundo “digital” atendiendo a la madurez y capacidades de cada menor, despertando en los mismos los valores y el juicio crítico que les permitirá detectar, en cualquier faceta de su vida analógica y digital los riesgos. El control o la vigilancia deben modularse con la edad, un menor permanente vigilado carecerá de libertad y despertará la desconfianza de su entorno social.
  • Enséñales a configurar su privacidad. Ayúdales a gestionar su perfil de usuario en cada red social, en cada App, en cada dispositivo que utilicen y a seleccionar los grupos en los que participar y con los que compartir información. De este modo el menor controlará con quién comparte sus datos y la información que vuelca en la red.

Referencia Bibliográfica

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